lunes, 28 de junio de 2010

Enedra Sucreto...

Enedró Sucreto algo roto y vacío, arreoso supuró distante y surgente, vidriendo gloriundos que adyacían paralelosos esperando quién sabe qué. Evitó urularlos siguiendo caliente una mancha en el techo, y aunque miente, no notan su fuga hacia dentro, hiriendo horizontes que sienten su desprecio; pero paralizados; lejos, tan cerca, no pueden tocarlo, y así este se jacta de suerte, que no es otra cosa que tener.
 Cárido escupió, lentamente todo fue llevándose las ganas hacia un claro, y sin dejar de clavarles sus miradas hasta desangrarlas, se alejó velozmente de allí. El tiempo paseaba,  la lluvia mojó su musa tras el otoño lamento y el invierno las sepultó bajo nieve, ya nadie advirtió su ausencia, todos se encontraban llenos, muy sumidos en si mismos para preocuparse por como seguían sus mañas.
 Cárido apaciguó sus ansias y anclando en su frente un destierro profundo, parió feroz un acueducto, y allí pasaron los ratos llevándose todo por delante, royendo, chillando, y cogiendo a mansalva por sorpresa de vez en cuando.

  _Sé. Me dijo. _Es todo lo que te compete, no te detengas a mirar lo que te rodea, arrasa con todo a tu paso, no dejes nada. Solo después de acabarlo todo, detente a observar, cuanto vacío hayas creado, crimen sería no vivir viviendo por demás, nada nos sobra, el sentido es incierto pero si se suma se resta, todo se mueve de arriba abajo y de abajo a arriba, unos usan tragan y devuelven, otros engullen constipan y revientan, pero la vida se las arregla para ordenar en tiempo y forma nuestra inconstancia.
  _Busca en un silencio la sombra exacta que crece bajo un manto de suave Sol.

No hay comentarios:

Publicar un comentario